Historias de Galicia que nadie te había contado
Iván Fernández Amil
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La tradición celta que nunca existió. Cómo un empleado de banca inventó la queimada
En 1955, un alfarero de Mondoñedo llamado Tito Freire estaba dándole vueltas a un problema que le habían planteado algunos de sus clientes. Necesitaban un recipiente especial para quemar aguardiente en reuniones familiares, algo que aguantara el fuego y tuviera buena presencia. Tito, hombre práctico y con experiencia, diseñó una especie de tartera de barro cocido con patas, pensando que serviría para esa moda que empezaba a extenderse entre algunos nostálgicos emigrantes gallegos. Lo que Tito no podía imaginar era que su sencilla creación se convertiría en el altar de uno de los rituales más famosos de Galicia, conocido en el mundo entero. Doce años después, en 1967, en un barco decomisado del puerto de Vigo, un empleado del Banco Pastor recitaría por primera vez unos versos que empezaban así: "Mouchos, coruxas, sapos e bruxas...". Entre el pote de Tito y las palabras de Mariano, entre un barco abandonado y la retranca gallega, nació la queimada moderna, ese ritual que durante décadas hizo creer a todo el mundo que era el eco de antiquísimos conjuros celtas transmitidos de generación en generación. Pero la queimada, tal y como la conocemos hoy, no es una tradición milenaria, es una invención reciente que logró algo extraordinario: convencer a todo un pueblo de que siempre había existido. Y su inventor se llamaba Mariano Marcos Abalo.
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